El modelo de inteligencias múltiples

Howard Gardner (Scranton, Estados Unidos, 1943) es un psicólogo, investigador y docente en la Universidad de Harvard, reconocido por sus análisis sobre las capacidades cognitivas del ser humano. En 2011, fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, entre otros motivos, por “su compromiso social y ético con la mejora del sistema educativo“. Gardner fue el autor de la teoría de las inteligencias múltiples, sin duda, un antecedente de lo que hoy conocemos como educación emocional.

El investigador estadounidense define la inteligencia humana como la capacidad de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en nuestra cultura. Sin embargo, defiende que esta capacidad no se limita al razonamiento lógico o a la manipulación de números y palabras, como tradicionalmente se venía entendiendo, sino que se trata de algo mucho más complejo. Gardner asegura que la inteligencia tiene varias dimensiones, es decir, hay diferentes maneras en que las personas aprenden, expresan, procesan la información e interpretan el mundo que nos rodea. De esta manera, distingue ocho modalidades de inteligencia.

INTELIGENCIAS MÚLTIPLES

En su teoría, Gardner explica que a pesar de poseer todas estas inteligencias, el individuo potencializa unas u otras de acuerdo a su contexto y esencia. Es decir, la inteligencia no es un ente uniforme, sino que el entorno y las características propias de cada persona condicionarán su capacidad para desarrollar determinadas competencias o habilidades. De esta forma, cada una de estas inteligencias da la oportunidad de ofrecer algo personal al mundo. Gardner trata de desplazar esta idea al ámbito educativo y rechaza, los exámenes de una hora y media como vía para medir la inteligencia del ser humano. El psicólogo asegura que la escuela tradicional desarrolla únicamente el razonamiento lógico y la memorización, restando relevancia al resto de capacidades intelectuales y estableciendo jerarquías entre los alumnos.

“Estas diferencias representan un reto para el sistema educativo que asume que todos pueden aprender los mismos materiales de la misma manera y que una medida uniforme y universal es suficiente para evaluar el aprendizaje del alumno. La mayoría de los estudiantes (y posiblemente la sociedad en su conjunto) se verían beneficiados si las diferentes disciplinas escolares se presentaran en una variedad de formas y que el aprendizaje pudiera ser evaluado a través de diferentes medios”. Howard Gardner

Según este modelo, los procesos de enseñanza-aprendizaje serían más efectivos si la escuela utilizara varias vías para transmitir el conocimiento, explotando los códigos intelectuales de cada alumno y poniendo en juego las diversas capacidades y cualidades. Por ejemplo, una persona que tenga más desarrollada la inteligencia lógico-matemática tendrá facilidades para aprender relacionando o clasificando, mientras que aquel que haya desarrollado más sus competencias naturalistas optimizará su aprendizaje probando, experimentando y explorando. Es por esto que Gardner habla de la necesidad de concienciar a los docentes y de establecer nuevas líneas pedagógicas.

En cuanto a la educación emocional, el investigador describe dos tipos de inteligencia que se relacionan directamente con las competencias sociales. Se trata de la inteligencia interpersonal y de la inteligencia intrapersonal.  El autor las define de la siguiente manera:

“La inteligencia interpersonal se construye a partir de una capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. En formas más avanzadas, esta inteligencia permite a un adulto hábil leer las intenciones y deseos de los demás, aunque se hayan ocultado”.

“La inteligencia intrapersonal es el conocimiento de los aspectos internos de una persona: el acceso a la propia vida emocional, a la propia gama de sentimientos, la capacidad de efectuar discriminaciones entre las emociones y finalmente, ponerles un nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la propia conducta”.

Siguiendo la teoría de Gardner, que no establece discriminaciones ni jerarquías entre inteligencias, la insercción de estas competencias en la escuela, es necesaria para facilitar el aprendizaje de los alumnos así como para construir una sociedad dónde cada individuo tenga (y sea capaz de encontrar) su propio lugar.

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